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Elaborado a partir de un 100% de uvas de la variedad sémillon, este blanco seco está vinificado y criado por dinamización según las fases de la luna en barricas usadas.

Arquetipo de los vinos blancos naturales, prescinde de la adición de sulfitos para ofrecer un vestido dorado pajizo, una expresión muy frutal, con aromas de peras y flores exóticas y una boca plena, con entrada suave, carácter austero y un final extenso y delicadamente mineral. Es preferible no conservarlo más de dos horas tras el descorche porque puede perder su finura e intensificar su color.

 

Las distintas añadas de Marie-Cécile se disfrutan sobre todo en su juventud, acompañando mariscos, pescados y quesos suaves aderezados con hierbas aromáticas.

Es un vino blanco que expresa alegría con la mayor de las delicadezas.

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